La enfermedad neurológica de “Raimundín” en la biografía de Miguel de Unamuno

Miguel de Unamuno y Yugo, uno de los escritores y filósofos más relevantes de la historia de España, fue una personalidad compleja, obsesiva y llena de contradicciones, en la que las crisis de fe en Dios y la angustia por el más allá tras la muerte estuvieron muy presentes y, en ocasiones, ocuparon lo más destacado de su pensamiento y de su obra. Repasando sus testimonios personales y los de sus allegados se advierte que las dudas y angustias de D. Miguel fueron en parte influenciadas por la enfermedad neurológica y la muerte de su hijo Raimundo, de las que dejó testimonios directos en cartas, poemas y dibujos, lo que motiva este artículo.

Material y método

El resumen biográfico de D. Miguel se ha elaborado a partir de las biografías que se citan en la bibliografía1-7 El análisis del estado neurológico y de las capacidades de Raimundín lo he basado en los testimonios de algunos biógrafos, pero sobre todo en las observaciones que D. Miguel destiló en algunas cartas a sus amigos y en los varios poemas que dedicó a su hijo: “Canción de cuna al niño enfermo”, “Recuerdos” y “En la muerte de un hijo” (con este título se encabezan, en las fuentes que yo he consultado, dos poemas diferentes fechados en años distintos). Las imágenes de Raimundín las he obtenido de los dibujos que el propio D. Miguel hizo de su hijo. Se conservan en la Casa-Museo de Unamuno en Salamanca y sus copias me han sido amablemente proporcionadas por D. Francisco Javier del Mazo Ruiz.

Resumen biográfico de D. Miguel de Unamuno

Los hechos y fechas más relevantes de su biografía se pueden resumir en los siguientes hitos. Unamuno nació en Bilbao (29 de septiembre de 1864) y falleció en La enfermedad neurológica de “Raimundín” en la biografía de Miguel de Unamuno, Salamanca (31 de diciembre de 1936). Su padre murió en 1870, la familia quedó en una situación económica delicada y la ayuda, y por consiguiente la influencia, de la abuela fueron muy importantes en la vida y la personalidad de Unamuno.

Siendo niño fue testigo del sitio de Bilbao en la última Guerra Carlista, entre diciembre de 1873 y mayo de 1874 cuando el general Martínez de la Concha rompió el cerco y liberó a la ciudad del asedio de los carlistas sublevados. Los acontecimientos trágicos de aquellos meses influyeron mucho en el joven Unamuno hasta el punto de inspirarle su primera novela “Paz en la Guerra” (1897).

Después de los estudios secundarios en Bilbao y los universitarios de filosofía en Madrid, volvió a Bilbao y comenzó a preparar oposiciones. Fracasó en los primeros intentos, pero en 1891 ganó la cátedra de griego en la Universidad de Salamanca. En enero de ese mismo año había contraído matrimonio con Dña. Concha Lizarraga, su novia desde adolescentes.

Tras los dos primeros hijos, Fernando y Pablo, nació Raimundo en 1896, y después vinieron Salomé, Felisa, José María, Rafael y Ramón. En marzo de 1897, y con alguna influencia como se verá más tarde de la enfermedad de Raimundo, Unamuno tuvo una de sus primeras crisis de fe religiosa y política y abandonó la agrupación socialista. Raimundo falleció a los seis años, en 1902.

En 1900 fue nombrado rector de la Universidad, cargo del que fue depuesto en 1914. En 1920 regresó a la política y en 1922 fue elegido diputado a Cortes. Así mismo volvió a desempeñar cargos académicos, primero decano de la Facultad de Letras, luego vicerrector y finalmente rector en funciones. Pero en 1923 se produjo el golpe de estado del general Primo de Rivera. Unamuno mantenía previamente una actitud abiertamente crítica contra la monarquía y el propio rey Alfonso XIII, a quien dedicaba adjetivos durísimos y fue también contrario al golpe militar. Unamuno fue destituido de sus cargos y desterrado a Fuerteventura. Aunque unos meses después se le conmutó el confinamiento, D. Miguel decidió, en muestra de rebeldía con la situación política, no volver a la península y se exiló primero en París y después en Hendaya, donde permaneció cinco años, hasta 1930.

Tras la caída del directorio y su regreso triunfal a España, Unamuno recuperó su actividad política y en 1931, ya en la II República, fue elegido concejal y diputado, alcalde honorario de Salamanca y de nuevo rector.

En 1934 se jubiló de su cátedra, aunque fue nombrado rector perpetuo. En ese año falleció su esposa.

En 1935 se distanció de la República, con la que inicialmente había simpatizado, por los excesos revolucionarios, con asesinatos arbitrarios en los que perdió amigos y colegas, así como por la sangrante persecución religiosa en la que veía una amenaza para la civilización occidental cristiana. Por eso en 1936 dio marcha atrás y comenzó su acercamiento al alzamiento de Franco. Pero tampoco pudo estar de acuerdo con las brutalidades de ese bando, que también fusiló a personas que le eran muy cercanas. De hecho, visitó personalmente a Franco para pedir clemencia para algunas de ellas. Se dio la circunstancia contradictoria de que, en agosto, por un decreto de Azaña se le desposeyó de su nombramiento de rector vitalicio, mientras que, en septiembre, por otro decreto del gobierno de Burgos se le repuso en el mismo cargo, del que de nuevo fue desposeído tras el incidente que viene a continuación.

El 12 de octubre de 1936, en el acto académico que se había programado para celebrar el Día de la Raza ocurrió el famoso incidente del Paraninfo, del que nos han llegado diferentes versiones sobre si se enfrentó o no al general Millán-Astray así como sobre el contenido de su discurso. Lo cierto es que fue destituido de su cargo de Rector Vitalicio por iniciativa del claustro ratificada en decreto firmado por el propio Franco. Tras ese encontronazo con el nuevo poder político emergente no salió de su domicilio, fuera o no confinado a él como medida disciplinaria, de la que no se tiene constancia. En los siguientes dos meses Unamuno sufrió de intensa soledad, añorando a su esposa a la que dedicó al menos un poema, de la amargura de ver desgarrarse España por el odio “de los hunos y de los hotros”, con ejemplos especialmente tristes para él como el fusilamiento del profesor Vila, rector de Granada y antiguo discípulo suyo, de una intensa preocupación por el destino de los hijos que habían quedado en Madrid y de acuciantes estrecheces económicas. Murió bruscamente el 31 de diciembre mientras estaba en conversación con Bartolomé Aragón, un joven profesor antiguo alumno suyo, por una “hemorragia bulbar debida a arteriosclerosis e hipertensión arterial” según certificaron sus médicos, sin que conste en ningún sitio que se le practicara la autopsia. A los ojos de hoy, parece más probable que fuera una muerte cardiaca.

Los mismos falangistas extremistas que en el Paraninfo lo habían abucheado y amenazado con el “viva la muerte, abajo la inteligencia” de Millán Astray, se apropiaron de su féretro y lo llevaron al cementerio bajo una bandera de la Falange y lo despidieron con gritos de “Presente” y “Arriba España”. Esta es otra de las innumerables paradojas de la biografía de Unamuno, como el contraste entre la consideración oficial de la iglesia católica como ateo peligroso y anticristiano8, “hereje máximo y maestro de herejes”9, lo que llevó a incluirlo en el Índice de autores prohibidos10 y su epitafio, que redactó él mismo:

Méteme, Padre Eterno en tu pecho,

misterioso hogar,

dormiré allí, pues vengo deshecho

del duro bregar

La enfermedad de Raimundo

Los biógrafos de D. Miguel no nos aportan muchos detalles de la enfermedad de su hijo Raimundo, nacido el 7 de enero de 1896. En las primeras semanas de vida se da por cierto que sufrió una meningitis que algunos se aventuran a catalogar de tuberculosa. No he encontrado ninguna descripción detallada que pudiera apoyar o refutar ese diagnóstico. Pero no es del todo convincente dado que en aquellos años la mortalidad de la meningitis tuberculosa era virtualmente del 100%. Es posible que el agente etiológico fuera otro propio de la infancia, con una mortalidad más reducida y frecuentes secuelas, por ej. Haemophilus influenzae. Dado que la hidrocefalia comenzó a desarrollarse muy pronto, en el primero o segundo mes de vida, tampoco podría descartarse, en ausencia de datos del líquido cefalorraquídeo, que fuera secundaria a una hemorragia en el período neonatal.

Unamuno vivió con gran angustia la enfermedad de su hijo en los primeros meses de 1896 y lo deja reflejado en su diario y en una carta a su amigo Múgica en los que da algunos indicios del estado del niño. Al comienzo de su diario escribe algunas notas sueltas recogidas por Rabaté6:

Día 23: Entre la vida y la muerte. […] El médico; a la fuerza. Sale adelante. Estrabismo. ¿Estará ciego? Experiencias. Indigestiones. Baños. Remordimientos ulteriores. La cabeza le crece. […] Viene el médico. Temores. Yoduro de hierro. […] Perspectivas. La muerte antes que idiotismo. Mala noche.

 

Tabla 1. Resumen retrospectivo en términos neurológicos de la enfermedad de Raimundo elaborado a partir de los testimonios, escritos y dibujos, de D. Miguel de Unamuno.

  • FASE AGUDA: gravedad, riesgo de muerte
  • FASE CRÓNICA/SECUELAS:
    • Hidrocefalia (macrocefalia, fontanela abierta, diástasis de suturas)
    • Síndrome de Parinaud (paresia de la mirada hacia arriba)
    • Estrabismo
    • Bajo nivel intelectual y mutismo (no adquiere el lenguaje)
    • Contacto visual, sonrisa social
    • Paresia espástica mano derecha
    • Movimientos lentos estereotipados mano izquierda
    • Espasticidad de las piernas en aducción (con algunamovilidad voluntaria)
    • En una carta a Múgica escribe con una precisión casi clínica:

 

Hasta hoy es pequeño el aumento de la cabeza y parece que la enfermedad se ha detenido; no se le cierra, sin embargo, la fontanela, ni se le encajan las suturas de los frontales y parietales, y está muy atontado y sin muestras de atención. Usted sabe cuán escasas son las probabilidades de cura y cómo no es el peor resultado la muerte, sino que ésta se dilata años, que son años de imbecilidad e idiotismo para el pobre niño.

Sin embargo, conoce por su madre de un caso (el Dr. Gorostiza) que curó sin secuelas, a lo que se aferra todavía en el mes de abril para mantener la esperanza, pero sin mucha convicción:

… la vista siempre baja. Y ¡qué atrasado! No se ríe, no se fija, no conoce a los tres meses.

Pero para el mes de junio las esperanzas se diluyen y el niño quedó con secuelas muy importantes derivadas de una hidrocefalia crónica. De nuevo es el propio Unamuno quien en sus dibujos, cartas y poemas nos deja algunas descripciones que nos permiten vislumbrar el estado neurológico y funcional del niño que no debieron cambiar mucho en sus siguientes años de vida (tabla1).

En primer lugar, sufría un grave retraso mental. Como dice D. Miguel en el poema que tituló “En la muerte de un hijo” es seguro que el niño no adquirió el lenguaje y permanecía mudo:

Y su entreabierta boca siempre henchida

de un silencioso grito de protesta

que a la mudez del cielo respondía

con su mudez de aborto de profeta

Figura 1. Dibujo de Raimundo por su padre. La macrocefalia no es demasiado evidente y no se puede apreciar ninguna postura anormal en las extremidades del niño dormido.

Figura 2. En este dibujo, probablemente más tardío que el de la figura 1, la macrocefalia es evidente. Es posible un leve estrabismo con foria en aducción del ojo izquierdo. La postura del brazo y de la mano izquierdos parece normal. Sin embargo, hay, aparte, un apunte de la mano derecha en la que se intuye que el dedo pulgar está atrapado por los otros dedos flexionados lo que sugiere una espasticidad grave. Según testimonio de D. Miguel el niño sólo movía una mano que, de acuerdo con este dibujo, sería la izquierda.

Sin embargo, es posible que el niño pudiera llegar a percibir el ambiente pues indica Unamuno que el niño daba muestras de alegría o de risa: “no hace más que reírse Raimundín”.

  1. Miguel era un gran dibujante que ya había destacado de niño en esa faceta. Dibujaba toda clase de motivos, pero le resultaba especialmente atractivo hacer pequeñas caricaturas de sus compañeros y profesores en el instituto. En el Archivo de la Casa-Museo de Unamuno en Salamanca se conservan al menos tres dibujos que Unamuno hizo a su hijo ya enfermo. Según testimonio de Felisa Unamuno a su nieto Miguel2 y del propio D. Miguel en una carta a su hija Salomé llevaba siempre en su cartera estos dibujos lo que explica, posiblemente, sus bordes rozados y arrugados.

Guardo siempre en mi cartera un retrato que hice, a lápiz, de tu hermanito, nuestro primer Raimundo y ese misterio de una agonía inconsciente de siete años me ha hecho meditar mucho.

Da la impresión de que los tres dibujos no son simultáneos. En los dos primeros el aspecto es el de un niño pequeño, mientras que el tercero refleja ya un niño de al menos 2-3 años o quizás más.

En la figura 1 el niño aparece dormido, con ambos brazos semiflexionados, sin que se pueda apreciar claramente la postura de las manos. En la figura 2, en la que la macrocefalia es evidente, es posible apreciar un leve estrabismo con foria en aducción del ojo izquierdo. El brazo izquierdo aparece en reposo con la mano abierta normalmente. Aparte, se observa un apunte de la mano derecha que se representa cerrada, con el dedo pulgar probablemente atrapado por los otros dedos flexionados. El aspecto es el de una mano espástica y quizás distónica. D. Miguel, en el mismo poema antes mencionado, deja claro que el niño sólo movía una mano que, de acuerdo con el dibujo, sería la izquierda, aunque no es fácil deducir de la descripción poética de D. Miguel qué capacidad de movimiento conservaba:

Con el sólo bracito que movía,

-el otro inerte- en lenta lanzadera

se cunaba, o dejaba acaso al aire

de sueños inconscientes una tela.

Se diría que los movimientos de la mano izquierda pudieran ser lentos, más o menos estereotipados, quizás rítmicos para acunarse; o bien semi-voluntarios, como si pintara sus sueños en una tela, si interpreto bien el verso de D. Miguel.

Respecto a las piernas, Unamuno las describe como cruzadas “escondiendo sus vergüenzas” lo que sugiere una espasticidad grave de los músculos aductores del muslo, como es habitual en los pacientes con hidrocefalia crónica. Pero el niño debía conservar alguna movilidad voluntaria en sus piernas si hacemos caso a los versos que Unamuno incluye en otro poema, “En la enfermedad de Raimundín”, donde da a entender que el niño era capaz de reptar con esfuerzo por las piernas de su padre y subir por el tronco hasta darle un beso:

… que hasta alcanzar un beso,

cual codiciado fruto, por mis piernas

trepas con dulce anhelo…

… En el oscuro abismo de tu espíritu,

sin tú mismo saberlo,

con su follaje depurando el aire

que hinche de tu alma el pecho,

vivirá vida oscura,

la de olvidado ensueño,

el tronco paternal a que trepabas

con infantil empeño

a recoger el codiciado fruto,

de mi boca a segar amante beso

Figura 3. Este dibujo de un niño ya mayorcito y en el que la macrocefalia es manifiesta, tiene un aliento más dramático por la expresión característica de susto o sorpresa de Raimundo, debida a los signos de la hidrocefalia crónica, la retracción del párpado superior y la desviación de los ojos hacia abajo permitiendo ver la esclerótica por encima del iris, el signo del “sol poniente”.

 

En la figura 3, D. Miguel reflejó fielmente la macrocefalia y los signos oculares de la hidrocefalia crónica del niño, que se atribuyen a la presión de los ventrículos laterales y del tercer ventrículo sobre el tegmento mesencefálico: la retracción del párpado superior con mirada de susto o sorpresa y el signo del “sol poniente” con la tendencia de los ojos a desviarse hacia abajo por la paresia supranuclear de la mirada hacia arriba, lo que deja que la esclerótica se vea por encima del iris. Unamuno ya lo observó: “siempre mira hacia abajo”. Cualquier neurólogo del mundo podría utilizar en una clase sobre la hidrocefalia este precioso dibujo que D. Miguel hizo de su hijo.

No se disponía en aquel tiempo de ningún tratamiento quirúrgico eficaz para la hidrocefalia que hubiera podido cambiar le evolución fatal de Raimundín. A pesar de que ya Karl Wernicke había hecho la primera punción y drenaje externo de una hidrocefalia nada menos que en 1881 11, se tardó varias décadas en disponer de sistemas de drenaje permanente a la aurícula derecha 12-14 y más tarde al peritoneo11.

El desdichado Raimundin murió plácidamente durante el sueño según los versos de “En la muerte de un hijo”:

Y un alba se apagó, como se apaga

al asomar el alba allá en la extrema

nebulosa del cielo aquel que nunca

podremos ver recóndito planeta

Este final y la relación entre el sueño y la muerte ya los había anticipado D. Miguel en otro poema, en la “Canción de cuna al niño enfermo”:

Duerme, flor de mi vida,

duerme tranquilo,

que es del dolor el sueño

tu único asilo

Pronto vendrá con ansia

de recogerte

la que te quiere tanto,

la dulce Muerte.

Dormirás en sus brazos

el sueño eterno,

y para ti, mi niño,

no habrá ya invierno

Se deduce fácilmente de ese poema que para Unamuno la muerte se presentaba ya como una liberación de la temida “idiotez” en la que había caído su hijo, y de su prolongada agonía, a pesar de que en algún momento se intenta consolar diciendo que:

… ni el loco ni el idiota sufren, pues no conocen su

mal, y aún pueden vivir contentos. No hace más que

reírse Raimundín.

La enfermedad y muerte de Raimundín en la vida de Unamuno

La enfermedad de Raimundo fue muy influyente en la vida de Unamuno, al menos durante una etapa. Tenemos testimonios suyos de la gran ilusión que tenía, desde su

juventud, en formar una familia y la alegría con la que recibió el nacimiento de cada hijo. El de Raimundo fue especial porque al ser el tercero entraba ya en la idea largamente acariciada de una familia numerosa. En un texto de su etapa de estudiante en Madrid escribió:

¡Oh! Cuando yo tenga hijos de carne y hueso, con vida, con amor y dulzura. Es uno de mis sueños… y guardo mis ternuras para cuando tenga un hijo. ¡Un hijo! Acaso llegue a tener demasiados y mis ochavos no basten. ¡Pobres niños! ¡Cuánto os quiero!

También tenemos testimonios directos de su nieto Miguel de que, en efecto, a Unamuno le encantaban los niños, los propios y los de su vecindad; jugaba con ellos y les obsequiaba con sus famosas pajaritas y gorros de papel. Se hace eco incluso de otros valiosos testimonios:

Menéndez Pidal y Pérez de Ayala han recordado cómo Don Miguel se entendía magníficamente con los niños y, niño yo y él anciano jubilado, le conocí y tal es mi recuerdo2.

Así que la enfermedad de Raimundín cayó como una bomba en el apacible hogar de Miguel y Concha, la cual lloraba a menudo cuando sostenía al niño. Se cumplió el temor de que el niño quedara inválido e “idiota”. Este término era entonces muy popular, procedente de las ideas de Esquirol para denominar a los enfermos con grave trastorno mental sin posibilidades de recuperación y contra el que Bourneville tanto luchó en su admirable tarea por apoyar a esos seres desgraciados15.

La presencia del niño enfermo se hizo constante y opresiva. A Unamuno le atormentaba la idea de que la enfermedad de Raimundín fuera el cumplimiento de un sueño premonitorio. Cuando eran novios le había relatado a Concha en una carta el contenido de un sueño:

Una noche bajó a mi mente uno de esos sueños, tristes y lúgubres que no puedo apartar de mí, que de día soy alegre. Soñé que estaba casado, que tuve un hijo, que aquel hijo se murió y que sobre su cadáver, que parecía de cera, dije a mi mujer: Mira nuestro amor, dentro de poco se pudrirá; así acaba todo…

Unamuno instaló una cuna para el niño en su despacho para poder tenerlo siempre a su lado. También animaba a sus otros hijos a jugar con Raimundo para distraerlo.

A pesar de todos sus esfuerzos por encariñarse con el niño y por intelectualizar su dolor, Unamuno no pudo sino hacerse reproches y culpabilizarse del drama de su hijo. Por un lado, pensaba que él pudiera tener la culpa por haberle transmitido al niño alguna tara genética derivada de la consanguinidad en el matrimonio de su padre, que casó con una sobrina en primer grado. Por el otro, y esto ya enlaza con toda la personalidad y el pensamiento de Unamuno, creía que fuese un castigo divino a su pérdida de la fe. D. Miguel había sido en su infancia y adolescencia un ferviente católico de misa diaria. Sus lecturas filosóficas, ya en el instituto y después en la carrera, le hicieron cuestionar la existencia de Dios y la inmortalidad del ser humano, ideas que no puede racionalizar. Kierkegaard fue una influencia capital en su existencialismo y crisis de fe, que además de ser religiosa era también de falta de fe en la razón. Pues esta le llevaba a no poder creer en lo que más deseaba: no morir. Unamuno decía que su duda no era filosófica, sino pasional, ya que el conflicto era entre los sentimientos y la razón, lo que se convirtió en una profunda agonía, en una tragedia que según sus propias palabras “es perpetua lucha sin victoria ni esperanza de ella; es contradicción”16. Y esa búsqueda intelectual de Dios, en el que quiere creer de manera sencilla y sentimental como en su infancia, le acompañará toda su vida, angustiado por el silencio de Dios que no le da pruebas racionales de su existencia.

La enfermedad de su hijo le enfrentó de manera brutal a la idea de Dios y le provocó una de las crisis de angustia vital más fuertes de su vida. Los últimos meses de 1896 y los primeros de 1897 ya tras el nacimiento de Raimundo, son de una zozobra creciente por las inquietudes religiosas que lo agobian y que culminan en la noche del 21 de marzo de 1897. No puede dormir, siente la angustia de la muerte, palpitaciones, dolor en el pecho y un llanto incontenible que reflejan una crisis aguda de ansiedad con un posible fondo depresivo. Se siente acabado y culpable del sufrimiento de su hijo. Dña. Concha intenta consolarlo con gestos y palabras maternales, pero no lo consigue y D. Miguel sale de su domicilio y se refugia en el convento de los dominicos. Los testimonios difieren sobre cuánto tiempo estuvo allí. Se ha dicho, sin muchas pruebas, que hasta tres días y que pasó dos días de rodillas rezando de cara a la pared, mortificándose a sí mismo y buscando la fe infantil por cuyo abandono ahora Dios le estaba castigando. Lo que es cierto es que el mismo día 22 se desahogó en una carta a su amigo y antiguo director espiritual D. Juan José de Lecanda y el día 23 con el comienzo de un Diario Intimo17.

El día 26 de marzo escribió una breve carta a Rafael Altamira en la que le confiesa que:

Estoy de descanso tan absoluto que ni aún cartas quiero escribir. Acabo de pasar una fuerte crisis espiritual y aún no ha terminado esto. Gracias a Dios empieza a volver mi espíritu a la calma.

El padre Lecanda le apremió para que fuera a pasa unos días con él en Alcalá de Henares para una especie de “ejercicios espirituales” privados. En su diario, Unamuno recogió innumerables reflexiones sobre todos los misterios que le obsesionaban, el libre albedrío, el infierno, la muerte y sobre todo la fe en la existencia de Dios:

Maté mi fe por querer racionalizarla, justo es que ahora vivifique con ella mis adquisiciones racionales, y emplee en esta labor mi tiempo. Todo esto es para volverme loco17.

Y entre medio de tantos apuntes y reflexiones, no pocas veces en latín y griego, D. Miguel también reza a Dios:

Quiero consuelo en la vida y poder pensar serenamente en la muerte. Dame fe, Dios mío, que si logro fe en otra vida, es que la hay.

Superada esa grave crisis de marzo de 1897, ya parece que Unamuno y su esposa entraron en una fase de mayor estabilidad y aceptación de la tragedia de Raimundín. Es muy probable que el nacimiento de los siguientes hijos, especialmente de las anheladas primeras hijas, Salomé y Felisa, fuera un bálsamo importante para el matrimonio. Los siguientes testimonios directos de que se dispone sobre el drama de Raimundín corresponden ya con su muerte en 1902 a la que D. Miguel dedicó el poema “En la muerte de un hijo”. En sus versos vuelve de nuevo Unamuno a evocar cómo la presencia de su hijo enfermo espoleaba su idea recurrente y obsesiva de preguntar a Dios por nuestro destino:

… aún recuerdo que pasaba

de su cuna a la triste cabecera

preguntándole al Padre con mis ojos

trágicos de soñar, por nuestra meta”

Sin embargo, Dios permanecía mudo:

… Pero en mí se quedó y es de mis hijos

el que acaso me ha dado más idea,

pues oigo en su silencio aquel silencio

con que responde Dios a nuestra encuesta

Los estudiosos de Unamuno han tomado poco en cuenta la importancia que la enfermedad de Raimundín tuvo en una de sus principales crisis espirituales como él mismo la calificó18. Se ha destacado mucho que Unamuno, un gran escritor, erudito y filósofo, fue un hombre que vivió entre continuas contradicciones ideológicas, personales y políticas, siendo probablemente la mayor, la de su incapacidad en profesar una fe robusta que tanto ansiaba en un Dios a quien buscaba sin cesar, como reflejan estos versos finales del último poema que se encontró en su mesa a su muerte:

¿Soñar la muerte no es matar el sueño?

¿Vivir el sueño no es matar la vida?

¿A qué poner en ello tanto empeño?:

¿aprender lo que al punto al fin se olvida

escudriñando el implacable ceño

-cielo desierto- del eterno Dueño?

 

BIBLIOGRAFIA

  1. Salcedo E. La vida de Miguel de Unamuno. Salamanca: Ed.Anaya; 1964.
  2. Unamuno Perez M. Unamuno en familia. En: Martín Martín JL (dir). Monográfico. Salamanca y su provincia en Miguel de Unamuno. Salamanca, Revista de Estudios. 1998; 41:33-48.
  3. Martínez I. Biografía de Miguel de Unamuno (web). Disponible en: http://www.unav.es/gep/html
  4. Marías J. Miguel de Unamuno. Madrid: Espasa-Calpe; 1976.
  5. J. Miguel de Unamuno. Madrid: Taurus; 2012.
  6. Rabaté C, Rabaté JC. Miguel de Unamuno. Biografía.   Madrid; Taurus; 2009.
  7. Navarro Rodero C. Las edades del hombre, el escritor: Miguel de Unamuno. Norte de Salud Mental. 2015; XIII:83- 98.
  8. González Hernández de Cardenal O. La jerarquía eclesiástica ante Unamuno. Reflexiones a los cincuenta años de su muerte. Sesión del día 3 de febrero de 1987 de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas. Disponible en: www.racmyp.es/R/racmyp//docs/anales/A64/A64-16.pdf.
  9. González Caminero N. Unamuno: Trayectoria de su ideología y de su crisis religiosa. Santander: Universidad de Comillas; 1948. [ Patrick JG. The Message of Don Miguel de Unamuno. Evangelical Q. 1965; 2:82-93]
  10. Índice de libros prohibidos Decreto de la Congregación del Santo Oficio. «Acta Apostolicae Sedís», 1957, nº 49, p.77- 78.
  11. Weisenberg SH, TerMaath SC, Seaver CE, Killeffer JA. Ventricular catheter development: past, present and future. J Neurosurg. 2016; 125:1504-12.
  12. Torkildsen A. A new palliative operation in case of inoperable occlusion of the Sylvian aqueduct. Acta Psychiatr Scand. 1939; 82:117-24.
  13. Nulsen FE, Spitz EB: Treatment of hydrocephalus by direct shunt from ventricle to jugular vein. Surg Forum. 1951:399-403.
  14. Pudenz RH, Russell FE, Hur AH, Shelden CH. Ventriculoauriculostomy; a technique for shunting cerebrospinal fluid into the right auricle; preliminary report. J Neurosurg.1957;14:171-79.
  15. Zarranz JJ. Bourneville: un neurólogo en acción. Neurosci Hist. 2015; 3:107-15.
  16. Unamuno M. Del sentimiento trágico de la vida. La Agonía del cristianismo. Madrid; Ediciones Akal; 1983. [Unamuno M. Tragic sense of life. Hamburgo; Tredition; 2012]
  17. Unamuno M. Diario íntimo. Madrid; Alianza Editorial; 2018. [Unamuno M. Selected Works of Miguel de Unamuno, Volume 2: The Private World. Princeton; Princeton University Press; 1984]
  18. Laín Entralgo P. Cajal, Unamuno, Marañón. Tres españoles. Barcelona; Círculo de Lectores; 1988.
  19. López Castro A. El rostro en el espejo: lecturas de Unamuno. Salamanca: Universidad de Salamanca, 2010 [Bockus Aponte B. Alfonso Reyes and Spain: his dialogue with Unamuno, Valle-Inclán, Ortega Y Gasset, Jiménez, and Gómez de la Serna. Austin y Londres; University of Texas Press; 2011].

 

Artículo publicado originalmente en la revista Neurosciences & History 2018

 

Apego y sexualidad en el desarrollo personal

El desarrollo personal se basa en la idea de que los seres humanos evolucionan en base a la interacción primigenia entre el bebé y las personas con las que mantiene una relación privilegiada a partir del nacimiento. La necesidad de supervivencia ha logrado a lo largo de la evolución de las especies una serie de sistemas de conducta que impulsan a la cría al contacto con el cuidador/a (figura de apego). Los adultos están provistos de sus propios sistemas de conducta que les permiten leer con precisión el estado mental del bebé. Cuando ambos sistemas de conducta actúan contingentemente, se establece el vínculo de apego que garantiza el desarrollo del bebé hasta su madurez.

Esta experiencia relacional entre el bebé y sus figuras de apego se grava en la memoria en forma de engramas y registros cognitivo-emocionales que constituyen lo que conocemos como “internal working models”, es decir, los modelos internos que regularán todas las relaciones interpersonales a lo largo de la vida, especialmente aquellas que implican proximidad psicológica. Es por esto por lo que la calidad de la experiencia vincular es tan importante. En la medida en que las figuras de apego, normalmente las madres y los padres, o cualquier otra persona que mantenga una relación privilegiada y estable con el bebé, tengan capacidad de respuesta sensible, es decir, sean capaces de interpretar adecuadamente las necesidades del bebé, sean capaces de cumplir con sus funciones (ser base de seguridad y puerto de refugio), en la medida en que se presenten ante el bebé como incondicionales, accesibles y disponibles, contribuirán a que sus hijos sean seguros, confiados, con capacidad de exploración (tanto del mundo exterior como del interior), con capacidad de regular las emociones y resilientes, en definitiva, personas seguras.

Todo ser humano nace con miedo al abandono, a la pérdida, a la destrucción, a la muerte, por el hecho de nacer en precario, inacabado, inmaduro, sin capacidad de supervivencia, como es propio de las especies evolucionadas. Desde la teoría del apego sabemos que las personas seguras desarrollan capacidades suficientes para conjurar este miedo atávico. Sin embargo, las personas inseguras se ven obligadas a desarrollar estrategias defensivas para tal fin. Por ejemplo, las personas que muestran un perfil evitativo tienden a desactivar el sistema de apego, creando una falsa sensación de suficiencia emocional. Se les podría aplicar esta frase: …más vale no tener, que tener y perder. Los que muestran un perfil más bien ansioso ambivalente se defienden hiperactivandoel sistema de apego. Son personas que demandan permanentemente señales de ser queridos y a pesar de ellas tienden a pensar que finalmente serán abandonados.

La relación que existe entre el deseo erótico, emoción fundamental que se expresa en comportamientos sexuales explícitos, es evidente. El deseo erótico impulsa al individuo al encuentro con el otro, con el fin de satisfacer necesidades eróticas. La proximidad psicológica, es decir la intimidad, activa los modelos internos que filtran la percepción de la realidad e interfiere en los comportamientos sexuales. La seguridad del apego permite no tener miedo a la intimidad, permanecer confortablemente y de modo receptivo a la experiencia erótica y afectivo-emocional de lo que se está experimentando.

La teoría del apego considera que el amor, aquello que nos impulsa a sentirnos atraídos, a buscar la proximidad, la seguridad en el contacto y la presencia con la otra persona, no es otra cosa que la motivación que hace posible la vinculación afectiva en los primeros años de la vida, pero en versión adulta.

Por tanto, el amor y el deseo erótico son dos dimensiones que no deben confundirse. Por un lado el amor es la necesidad de tener una figura de apego incondicional, accesible, que constituya la base de seguridad que contribuya a la estabilidad emocional. Es evidente que en la adultez, la relación debe ser simétrica y reciproca. Por otro, el deseo sexual impulsa a las personas a satisfacer necesidades eróticas generalmente representadas en el imaginario erótico.

El deseo erótico y el amor son dos dimensiones distintas, tienen diferente origen y buscan distintos objetivos. Para comprenderlas hay que separarlas. Sin embargo estas dimensiones interactúan entre sí de modo que, o bien se potencian extraordinariamente, probablemente no hay mayor afrodisíaco que sentirse enamorado/a, o bien se interfieren gravemente, dando lugar a dificultades, alteraciones y trastornos psicosexuales, como las disfunciones sexuales o algunas formas de parafilia. También en esta dinámica podríamos encontrar algunas claves para comprender la violencia y las agresiones sexuales. No cabe duda de que estas alteraciones se producen por las interferencias que los perfiles inseguros de apego provocan en la experiencia afectivo-sexual. Estas afirmaciones están avaladas por un cúmulo de evidencia empírica reflejada en la literatura científica.

Uno de los objetivos más importante de la psicología es ayudar a las personas que sufren por dificultades sexuales y afectivas. Es por ello que se tienda a poner el foco en lo problemático, lo disfuncional, los trastornos. Sin embargo, otra parte esencial es contribuir a que las personas alcancen cotas superiores de bienestar. Éste se consigue satisfaciendo necesidades básicas; en el tema que nos ocupa, necesidades afectivas y sexuales.

La calidad de la experiencia erótica está muy relacionada con la calidad de la historia socioafectiva. La seguridad en el apego activa representaciones mentales que generan seguridad. Activa, por tanto, modelos de relación sensibles, cálidos y empáticos. La inseguridad, al contrario, genera representaciones mentales que evocan inseguridad, ansiedad, desprotección. Activa modelos de relación, insensibles, fríos y distantes.

La manera de contribuir al bienestar de las personas en el ámbito afectivo-sexual es ayudando a tomar decisiones acerca del desarrollo de su potencial erótico, que es una opción libre y voluntaria. A mi modo de ver, esto nos lleva a reconsiderar los modelos de respuesta sexual clásicos, haciendo una lectura mucho más experiencial que funcionalista. Es decir, se trata de poner el foco más en la calidad de lo que se vive en el espacio de la intimidad erótica, que en el rendimiento de la respuesta sexual.

La contribución que se hace desde la teoría del apego consiste en la mentalización. Los modelos internos expresados en estilos de apego filtran la realidad y hacen que ésta sea una percepción subjetiva. La mentalización es el proceso a través del cual las personas pueden pensar acerca de sus propios pensamientos, reconocer que la interpretación que se hace de ella es una entre otras posibles, alcanzando de este modo un mayor grado de libertad interna.

No se trata de “enseñar” a las personas a hacer las cosas de otra manera, sino de estar atentas a los estados mentales propios y de la pareja en los momentos de exigencia relacional como la que se produce en el espacio de la intimidad erótica. De este modo se producen experiencia correctoras que pueden modificar los modelos internos de igual modo que las actualizaciones modifican y mejoran el sistema operativo de nuestros ordenadores. Se trata, por tanto, de ayudar a las personas a hacer inteligibles las dificultades que les generan sufrimiento o malestar y dotarles de los recursos necesarios para ser protagonistas de su propio crecimiento personal.

 

 

Cambios de conducta en enfermedades neurológicas

The distinction between diseases of ‘brain’ and ‘mind’, between

‘neurological’ problems and ‘psychological’ or ‘psychiatric’ ones, is an

unfortunate cultural inheritance that permeates society and

medicine. It reflects a basic ignorance of the relation between brain

and mind. Diseases of the brain are seen as tragedies visited on

people who cannot be blamed for their condition, while diseases of

the mind, especially those that affect conduct and emotion, are seen

as social inconveniences for which sufferers have much to answer.

Individuals are to be blamed for their character flaws, defective

emotional modulation, and so on; lack of willpower is supposed to be

the primary problem.

 

(La distinción entre enfermedades de “cerebro” y “mente”, entre los problemas “neurológicos” y “psicológicos” o “psiquiátricos” son una herencia cultural desafortunada que impregna la sociedad y la medicina. Refleja una ignorancia básica de la relación entre el cerebro y la mente. Las enfermedades del cerebro se ven como tragedias que ocurren en personas que no pueden ser culpadas por su condición, mientras que las enfermedades de la mente, especialmente aquellos que afectan a la conducta y a la emoción, se perciben como inconvenientes sociales de los cuales los enfermos son responsables. Se culpa a los individuos por sus defectos de carácter, por su modulación emocional alterada, y así sucesivamente; se supone que la falta de fuerza de voluntad es el problema principal).

 António R. Damásio, El error de Descartes.

 

La clase tiene como finalidad principal comprender la complejidad de la conducta humana, resultado de la actividad cerebral y como puede verse alterada de formas muy diferentes debido a lesiones que alteran los circuitos que regulan la conducta.

La conducta humana puede definirse como el conjunto de actos exhibidos por el ser humano. Lo podemos considerar sinónimo de comportamiento y es la manera de proceder que tienen las personas en relación con su entorno o mundo de estímulos. La psicología se ocupa de su estudio. La conducta se aprende en gran parte por imitación y está influida por normas sociales, aspectos genéticos y culturales. Puede ser consciente o inconsciente, voluntaria o involuntaria según las circunstancias que la afecten. La conducta está relacionada con la estructura de la personalidad y condicionada por aspectos racionales y emocionales. La conciencia ejerce un control escaso en nuestra conducta y en diferentes momentos podemos mostrar conductas diferentes, como consecuencia de la edad, pero también por los condicionantes sociales del momento.

La neurología es la ciencia que se ocupa de las enfermedades del sistema nervioso y muscular. Las enfermedades psiquiátricas también son enfermedades del sistema nervioso, y en concreto del cerebro, generalmente manifestadas por cambios conductuales, del ánimo o de la ideación, en ausencia de una neuropatología manifiesta. La división de las enfermedades neurológicas y psiquiátricas no es siempre neta y precisa, y muchas veces la separación es por hábitos y tradición. La conducta alterada se debe a cambios cerebrales y fundamentalmente de la corteza frontal.

El síndrome de Gilles de la Tourette es una condición en gran parte hereditaria, que ocurre preferentemente en varones (las mujeres de las familias afectadas suelen tener frecuentemente trastorno obsesivo compulsivo). Este sindrome se caracteriza por tics múltiples que aparecen en la infancia, son oscilantes y persisten el resto de la vida. Pueden asociarse otros síntomas como coprolalia (emisión de palabras obscenas), copropraxia (gestos obscenos) o una variedad de conductas impulsivas.

Existen personas con mayor impulsividad en la toma de decisiones. La impulsividad anormal es un trastorno observado en muchas enfermedades que afectan al lóbulo frontal y en especial a la corteza orbito-frontal. Es también la característica principal del Trastorno de control de Impulsos (TCI). Los TCI se definen en el “Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorder” edición V (DSM-V) como la dificultad para resistir un impulso, una motivación o una tentación de llevar a cabo de manera compulsiva un acto perjudicial para la propia persona o para los demás. Se trata de trastornos complejos de la conducta caracterizados por un incremento de la impulsividad, con respuestas rápidas, repetitivas y poco planificadas ante estímulos internos y externos, desinhibidas y con escasa valoración de las consecuencias negativas tanto para el propio sujeto como para los demás.

Bajo la categoría diagnóstica de TCI en la enfermedad de Parkinson, se engloban el juego patológico, la compra compulsiva, la ingesta compulsiva y la hipersexualidad patológica. Otras conductas impulsivo-compulsivas (CIC) relacionadas incluyen el punding, definido como una intensa fascinación por actividades o movimientos sin finalidad; el hobbyismo, cuando la acción es por una actividad concreta (pintar, tocar un instrumento musical etc.); el walkabout, vagabundeo excesivo y sin rumbo; y el hoarding o trastorno por acumulación o disposofobia, que conlleva el acopio de gran número de elementos de poco o ningún valor objetivo. El Síndrome de Disregulación Dopaminérgica (SDD) se caracteriza por un uso compulsivo de la medicación dopaminérgica (mayoritariamente de tratamientos de elevada potencia y rápido efecto, como la levodopa o la apomorfina subcutánea) asemejándose a la adicción a las drogas recreativas y el TCI se sustenta en una alteración de la regulación de las vías de recompensa en la red mesocorticolímbica.

Aproximadamente el 20% de los pacientes con enfermedad de Parkinson que toman agonistas dopaminérgicos, sufren un TCI, preferentemente en varones, jóvenes y si están previamente deprimidos.

Los cambios de conducta se observan frecuentemente en pacientes que han sufrido un traumatismo craneoencefálico, o que sufren un tumor o tienen un ictus. Estos cambios son variables dependiendo del tamaño, localización y naturaleza de las lesiones, pero también del sexo, del nivel educativo y socioeconómico, así como de la personalidad previa.

Son las enfermedades neurodegenerativas, especialmente las demencias frontotemporales (DFT) y la enfermedad de Alzheimer (EA), las que ocasionan problemas conductuales más importantes.

Las DFT son un conjunto de enfermedades neurodegenerativas que afectan preferentemente la parte anterior del cerebro (lóbulos frontales y temporales). Se manifiestan o bien por cambios de conducta (la variante conductual) o por trastornos de lenguaje (afasias progresivas y demencia semántica). El espectro de las diferentes alteraciones de conducta que pueden observarse desde el inicio del cuadro clínico en la variante conductual es muy amplio, pero pueden resumirse en desinhibición, apatía, perdida de la empatía, conductas ritualistas estereotipadas, hiperoralidad con cambios de conducta alimentaria, y alteraciones de la función ejecutiva. Varios casos clínicos ilustrarán estos diferentes síntomas. Un aspecto interesante de las alteraciones conductuales por lesiones frontales es el trastorno del juicio y de la conducta moral. El caso clásico de Phineas Gage ilustra este problema.

En la EA las alteraciones de conducta son muy frecuentes y alteran la convivencia. Aunque muy variados, observamos que los pacientes se alteran, preocupan y enojan fácilmente, pierden el interés por las cosas, esconden cosas o creen que otras personas les esconden las cosas, imaginan cosas que no están ahí, tienden a deambular y salir de su hogar, caminan incesantemente de un lado a otro, muestran un comportamiento sexual inusual, menos frecuentemente golpean a otras personas y malinterpretan lo que ven o escuchan.

LOS RETOS CIENTÍFICO-TECNOLÓGICOS DE LA ESTRATEGIA DE DESARROLLO NAVARRA S3 – NAFARROA S3 GARAPEN ESTRATEGIAREN ERRONKA ZIENTIFIKO-TEKNOLOGIKOAK.

El pasado 26 de noviembre se celebró en Iruña-Pamplona una jornada dedicada a LOS RETOS CIENTÍFICO-TECNOLÓGICOS DE LA ESTRATEGIA DE DESARROLLO NAVARRA S3 – NAFARROA S3 GARAPEN ESTRATEGIAREN ERRONKA ZIENTIFIKO-TEKNOLOGIKOAK.

La jornada estuvo organizada por JAKIUNDE en colaboración con la Universidad de Navarra, la Universidad Pública de Navarra y SODENA. Se inscribieron más de 200 personas.

La inauguración de la jornada corrió a cargo de la Presidenta del Gobierno, Dña. María Chivite y participaron también de forma activa D. Manu Ayerdi, Consejero de Desarrollo Económico y empresarial y D. Juan Cruz Cigudosa, Consejero de Universidad, Innovación y Transformación Digital.

Participaron 27 ponentes pertenecientes a diversas instituciones navarras, tanto empresas, como centros tecnológicos y universidades. Entre todos se dio una visión sobre el desarrollo de la estrategia S3 en la Comunidad Foral, se comentaron las fortalezas del sistema de I+D+i, y los retos que se deben afrontar en los próximos años en los diferentes sectores de la S3.

Como resultado de la Jornada, D. Esteban Morrás, Académico de Jakiunde, leyó un Manifiesto que os mostramos en este blog.

Esteban Morrás, leyendo el Manifiesto.

 

MANIFIESTO

Navarra, a pesar de ser una comunidad pequeña, ha sido en los últimos veinticinco años una de las regiones del mundo que más ha aportado a la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible establecidos por Naciones Unidas. Desde esta tierra se ha contribuido a definir el modelo ambiental, social, regulatorio, industrial y financiero con el que las energías renovables ya han superado al Petróleo en ritmo de inversión anual. También han nacido aquí relevantes iniciativas innovadoras en los sectores de Alimentación, Salud, Automoción, así como recientes emprendimientos prometedores en Industrias Creativas y Digitales, o en Turismo Integral.

Esta realidad ha sido posible gracias a contar con dos magníficas Universidades de prestigio Internacional, que han proporcionado a los navarros la oportunidad de acceder al conocimiento con independencia de la disponibilidad económica de nuestras familias de procedencia.

Asimismo, ha contribuido a ello la estrategia firme y continuada de los poderes públicos desde 1982, apoyando a la industria, la inversión y el empleo, utilizando inteligentemente nuestra autonomía. En los últimos años, esta estrategia ha concentrado los recursos en torno a los sectores con futuro, atrayendo al inversor y creando un entorno laboral socialmente atractivo. Es la “Estrategia de Especialización Inteligente S3” elaborada en línea con los principios formulados por la Comisión Europea.

Hoy disfrutamos de una Navarra con un alto nivel de renta, sin grandes desequilibrios sociales, con un desempleo bajo para España, aunque alto para Europa, una tasa de igualdad de género mejor que la media europea, que respeta a los inmigrantes extranjeros, que da empleo a muchos de sus discapacitados, generosa con sus donaciones de órganos y sangre y, en general, con muchos factores que nos hacen sentirnos orgullosos.

Este éxito no debe llevarnos a la complacencia. Estamos asistiendo a una profunda transformación social y económica provocada por innovaciones tecnológicas radicales como la digitalización, la datificación -caracterizada por la generación de una colosal masa de datos provenientes de miles de millones de personas y dispositivos permanentemente interconectados-, y la Inteligencia Artificial, como sistema capaz de reproducir procesos mentales cada vez más complejos. Esta transformación nos sitúa en una de las épocas de progreso más poderosas de la humanidad y afectará de manera imparable a nuestros sistemas científicos, productivos, de movilidad y a nuestra esperanza de vida. Como toda herramienta en manos del ser humano, junto a sus ventajas acarrea el riesgo del abuso y el desequilibrio en sus primeros pasos.

Ante esta revolución, Europa no puede quedarse atrás, ni en el aspecto técnico y empresarial ni en el equilibrio entre el beneficio económico y tecnológico y la protección del ciudadano. Se trata no solo de lo que la tecnología puede hacer, sino de lo que debe hacer: la Inteligencia Artificial ha de convertirse en un instrumento decisivo para la consecución de los objetivos de Desarrollo Sostenible contribuyendo a erradicar la pobreza extrema, reducir las desigualdades y frenar el cambio climático. La liberación del ser humano de las tareas automatizables nos enfrenta al reto apasionante de crear las profesiones del futuro y de buscar nuevas fórmulas para el reparto del trabajo y de la riqueza, para que la oportunidad de mejora llegue a todos.

Estos retos requieren “talento”, es decir, personas innovadoras con una sólida formación académica y humana, comprometidas con su entorno social, que conviertan Navarra en un polo de atracción y no en una región que sufra la descapitalización humana. La sociedad navarra no debe ser simple espectadora sino agente activo de esta transformación, ayudando a configurarla conforme a nuestros intereses y convicciones, en torno a los siguientes conceptos:

El liderazgo, ejercido por nuestros representantes políticos, así como por agentes intelectuales, sociales y empresariales.

La colaboración, creando alianzas entre empresas, startups, agentes del conocimiento (Universidades, Centros de Investigación y Centros Tecnológicos) y las Administraciones Públicas. Navarra debe dinamizar sus políticas de compra pública innovadora y así ayudar a orientar la actividad emprendedora e investigadora hacia los resultados.

La Regulación, necesaria para crear nuevas técnicas normativas que sitúen a Navarra entre las regiones líderes de Europa en calidad de iniciativas regulatorias tecnológicas y en apertura a la transformación, con el objeto de crear nuevos productos y soluciones digitales.

La educación y la formación, pilares básicos en los que se debe incluir la permanente adaptación de nuestros planes de estudios, tanto en formación profesional como en grado universitario; la actualización constante en habilidades digitales para nuestros trabajadores y la promoción de iniciativas para despertar vocaciones técnicas entre nuestros jóvenes.

5G. La revolución digital puede y debe combatir el despoblamiento y la macrocefalia de las grandes ciudades, y para cumplir esos objetivos el despliegue de la banda ancha y de las redes 5G son esenciales.

Y finalmente, la atracción y el retorno del talento, ofreciendo un marco abierto, estable y atractivo para su desarrollo, utilizando nuestra autonomía legislativa y fiscal con un óptimo retorno.

Como conclusión, Navarra debe aprovechar todos sus recursos y capacidades, para hacer de esta tierra un actor relevante en la transformación social que vivimos, contribuyendo al progreso y al bienestar global.

Pamplona-Iruñea, 26 de noviembre de 2019

Académicos de JAKIUNDE presentes en la jornada: Humberto Bustince, Iñaki Pinillos, Iciar Astiasarán, Jesus Ugalde, presidente, Justo Lacunza y Esteban Morrás.

Kalamuaren alde ilunak

Gaur egun, Kannabisa mundu osoan gehien kontsumitzen den droga ilegala da. Ildo honetan, azken urteotan bere erabilera asko hedatu da gure gizartean. Estatistiken arabera, Euskal Autonomi Elkargoaren biztanleak 18 eta 19 urte bitartean hasten dira kannabisa kontsumitzen, batez beste (alkohola eta tabakoa kontsumitzen hasi eta geroxeago, hortaz). Hala ere, hamabost urterekin edo gutxiagorekin kannabisa hartzen hasi diren kontsumitzaileen ehunekoa %4ra hurbil daiteke.

Nolanahi ere, kannabisaren kontsumoa normalizatu egin da gure gizartean eta kasu askotan kontsumo ludikoari eta terapeutikoari buruzko informazioa nahasten da. Testuinguru honetan, substantzia honen arriskuaren pertzepzioa asko murriztu da biztanleen artean. Dena den, guztiok dakigunez, drogen kontsumoak arazo larriak eragin ditzake gure organismoan, eta arazo hauek larriagoak izan daitezke oraindik garatzen ari den nerabe baten gorputzean. Honela, aldi horretan edozein droga hartzeak garunaren heltze-prozesu normala eralda eta oztopa dezake, eta horrek etorkizunerako ondorio sakonak eta iraunkorrak izan ditzake. Adibidez, hainbat ikerketak frogatu dutenaren arabera, kannabisaren kontsumoa nerabezaroan hasteak eskizofrenia pairatzeko arriskua areagotzen du. Gainera, pertsona bakoitzaren arabera, kannabisak arretan, oroimenean eta ikaskuntzan eragindako ondorio negatiboek egunak edo hilabeteak iraun ditzakete. Honela, kannabisa hartzen duten ikasleek nota txarragoak ateratzen dituzte eta arazo gehiago dituzte hezkuntza-mailak gainditzeko. Honetaz gain, kannabisaren kontsumoak eragin fisiko zuzenak ditu ere gure gorputzean. Hala nola, begien gorritasuna, ikusmen lausoa, ahoaren lehortasuna, bihotzaren dardarak eta giharren ahultasuna eragin ditzake. Beste aldetik ere, askotan kannabisa tabakoarekin nahastuta kontsumitzen da. Horretan, kannabisaren berezko arriskuei tabakoaren erretzean sortzen diren substantzia toxiko eta kartzinogeniko ugariek sortutako arazoak gehitu behar zaizkie.

Egoera horren aurrean, gazteei kannabisaren neurri gabeko kontsumoak dituen ondorio kaltegarriei buruzko informazioa helaraztea ezinbestekoa da. Baina informazio horrek, zientifikoa, objektiboa eta ebidentzian oinarritutakoa izan behar du, nerabeek beren kabuz jabetzeko gehiegizko kontsumoaren arriskuez.

Los males de la ciencia tienen remedio

En las anotaciones precedentes nos hemos dedicado a repasar los que a nuestro juicio son los males de la ciencia actual. La serie empezó por una presentación de la empresa científica, el marco institucional y económico en el que se desarrolla, y el entramado de las publicaciones científicas como producto principal. Seguimos analizando los valores de la ciencia tal y como los formuló Merton a mediados del siglo pasado. Y a continuación abordamos el repaso de una serie de males que pueden considerarse propios, específicos de la empresa científica. Las últimas anotaciones han tratado de las resbaladizas relaciones entre investigación científica y ética en diferentes planos.

La relación de “males” o “patologías” no ha pretendido ser exhaustiva. Algunas de las malas prácticas presentadas aquí lo son porque vulneran las normas de Robert K Merton, incumplen el ethos de la ciencia en los términos en que él lo definió y que, implícitamente, asumimos gran parte de los científicos. Otras tienen más que ver con aspectos nucleares de la práctica científica o con el sistema de publicaciones o de financiación de la investigación. Son, por lo tanto, diferentes y seguramente los remedios que requieran también lo sean. Pero sospechamos que una gran parte de los problemas se atenuaría si universidades y centros de investigación modificasen el sistema de incentivos que utilizan para reconocer y premiar el trabajo de su personal científico. La cantidad debería perder importancia como criterio, para ir valorando cada vez más la calidad del trabajo y la trascendencia o relevancia de las investigaciones. No se trata de acudir a indicadores de las publicaciones tal y como se utilizan hoy o, al menos, no sólo a esos indicadores (basados en métricas de impacto y similares), sino de recurrir a la valoración experta del nivel y alcance del trabajo realizado.

Tenemos por último, todos esos ámbitos en los que el desarrollo de la ciencia se enfrenta a dilemas de naturaleza ética. No se trata de dilemas específicos de la ciencia, o dilemas cuya resolución deba recaer exclusivamente sobre el mundo científico. Son, en su gran mayoría, dilemas sociales. La ciencia es, si acaso, el instrumento, pero es en el ámbito social y político donde se han de resolver. Si se han de exprimir al máximo las posibilidades que nos brinda la biotecnología, o si debemos permanecer pasivos ante la previsible robotización de la sociedad, son cuestiones que no corresponde dirimir a los científicos. Quienes hacen la investigación científica deberán aportar su criterio experto, y tanto la sociedad como los responsables deberían tomar buena nota y tener en cuenta el dictamen experto, pero en última instancia, las decisiones son de carácter social y político. Nos interesa remarcar esta diferencia, porque los males que hemos considerado intrínsecos a la ciencia lo son porque de no neutralizarlos, está en juego el propio funcionamiento del sistema científico, y en ese terreno, los miembros de ese sistema tenemos mucho que decir y que hacer. Precisamente por esa razón, no nos parece saludable que los científicos se desentiendan de las implicaciones sociales de su trabajo. Creemos que tenemos una especial responsabilidad al respecto, precisamente porque somos quienes mejor podemos calibrar el alcance de nuestro trabajo más allá de cómo quede recogido en las publicaciones científicas.

La ciencia sufre de esos y de otros males; son males serios y de graves consecuencias. Las que afectan, con carácter general, al desarrollo del conocimiento son evidentes. Pero esas no son las únicas. También hay consecuencias prácticas de gran trascendencia. En los Estados Unidos se estima que la investigación preclínica no reproducible tiene un coste anual de 28 mil millones de dólares y, por supuesto, retrasa el desarrollo de tratamientos que salvan vidas humanas y mejoran la calidad de vida. Es de suponer que en el resto de potencias científicas las cosas estarán, en su correspondiente proporción, más o menos igual.

Hay investigadores que son reticentes a abordar de forma abierta estas cuestiones, porque temen que pueden conducir a un debilitamiento de la empresa científica porque la sociedad deje de confiar en los científicos. Creo que se trata precisamente de lo contrario. La opacidad sería contraproducente. Una herida que se cierra sin haberla limpiado debidamente, se cierra en falso porque cultiva la infección en su interior y antes o después, aflorará. La vía más eficaz para sanar los males pasa por conocerlos y buscar las medidas para combatirlos. No hay que ser tan ingenuo como para pensar que muchos de los problemas aquí expuestos tienen una solución definitiva. Ningún problema complejo suele tener soluciones definitivas y, desde luego, nunca son soluciones simples. De lo que se trata es de conseguir un funcionamiento de la empresa científica razonablemente mejor que el actual, más sano, con mejores resultados, más eficiente, y que se base más en la realización de interesantes trabajos que en la producción de ingentes cantidades de artículos.

Pero a la vez que han de preocuparnos los males, también debemos congratularnos de que sea la misma comunidad científica la que está tratando de aportar soluciones. Porque han sido científicos profesionales quienes han investigado y dado a conocer las patologías que aquejan a la práctica científica. Han sido científicos profesionales y organizaciones científicas las que han propuesto medidas para afrontar los problemas y resolverlos. Y algunas revistas científicas están adoptando medidas para incentivar la transparencia y la reproducibilidad de los resultados. Esas son las buenas noticias.

Fuentes

Agin, D (2007): Ciencia basura. Starbooks, Barcelona.

Briggle, A (2012): Scientific Responsability and Misconduct, in Encyclopedia of Applied Ethics, Vol 4, pp.: 41-48, 2nd edition, Academic Press, London

Ferris, Timothy (2010): The Science of Liberty, Harper Collins, Nueva York

Fischer, B A, Zigmond, M J (2012): Scientific Publishing, in Encyclopedia of Applied Ethics, Vol 4, pp.: 32-40, 2nd edition, Academic Press, London

Häyry, M (2012): Genetic Engineering of Human Beings, in Encyclopedia of Applied Ethics, Vol II, pp.: 437-444, 2nd edition, Academic Press, London

Holm, S, Stokes E (2012): Precautionary Principle, in Encyclopedia of Applied Ethics, Vol III, pp.: 569-575, 2nd edition, Academic Press, London

Johnson, J (2012): Ethical Experiments, in Encyclopedia of Applied Ethics, Vol 2, pp.: 149-156, 2nd edition, Academic Press, London

Johnson, S (2012): Nanotechnology, in Encyclopedia of Applied Ethics, Vol III, pp.: 183-185, 2nd edition, Academic Press, London

López Nicolás, J M (2016): Vamos a contar mentiras. Cálamo, Madrid.

Menéndez Viso, A (2005): Las ciencias y el origen de los valores. Siglo XXI.

Merton, R K (1942): “Science and Technology in a Democratic Order” Journal of Legal and Political Sociology 1: 115-126. [Traducción al español como “La estructura normativa de la ciencia” en el volumen II de “La Sociología de la Ciencia” Alianza Editorial 1977, traducción de The Sociology of Science – Theoretical and Empirical Investigations, 1973]

Neri, D (2012): Eugenics, in Encyclopedia of Applied Ethics, Vol 1, pp.: 189-199, 2nd edition, Academic Press, London

Oreskes, N y Conway, E N (2018): Mercaderes de la duda. Cómo un puñado de científicos oscurecieron la verdad sobre cuestiones que van desde el humo del tabaco al calentamiento global. Capitán Swing, Madrid.​

Resnik, D B (2012): Developing World Bioethics, in Encyclopedia of Applied Ethics, Vol 1, pp.: 771-778, 2nd edition, Academic Press, London

Solbakk J H, Vidal, S M (2012): Research Ethics, Clinical, in Encyclopedia of Applied Ethics, Vol 3, pp.: 775-785, 2nd edition, Academic Press, London

Spier, R E (2012): Science and Engineering Ethics, Overview, in Encyclopedia of Applied Ethics, Vol 4, pp.: 14-31, 2nd edition, Academic Press, London

Di Trocchio, F (1993): “Las mentiras de la ciencia” Alianza Editorial.

Ziman, J (2000): Real Science: What It Is and What It Means. Cambridge University Press.

Zuk, M (2013): Paleofantasy: What Evolution Really Tells Us about Sex, Diet, and How We Live. Norton & Co, New York.

 

Nota:

Esta es la vigésima y última entrega de la serie “Los males de la ciencia”. Las anteriores han sido “El marco en que se desarrolla la ciencia”, “Las publicaciones científicas”, “El ethos de la ciencia”, “Los valores en la filosofía de la ciencia”, “Los dueños del conocimiento”, “El papel de los gobiernos en el desarrollo científico”, “No todos tienen las mismas oportunidades de hacer ciencia”, “El fraude y las malas prácticas en ciencia”, “Ciencia patológica”, “Sesgos cognitivos que aquejan a la ciencia”, “Sesgos ideológicos que aquejan a la ciencia”, “La crisis de reproducibilidad en ciencia”, “Parte de la investigación científica es quizás irrelevante”, “Conflictos de intereses en la ciencia”, “Mala ciencia de consecuencias catastróficas”, “La ciencia al servicio de la guerra”, “No todo vale al servicio de la ciencia”, “Dilemas éticos en la frontera de la ciencia” y “Normas de prudencia en el quehacer científico”.

 

 

Normas de prudencia en el quehacer científico

Dados los dilemas vistos en la anotación anterior y otros que no se han recogido aquí, no dejan de hacerse llamadas de atención, tanto desde la propia comunidad científica, como desde fuera de ella, advirtiendo de la necesidad de actuar con prudencia y en algún caso, de establecer moratorias al uso de ciertas tecnologías hasta no tener maás garantías acerca de su inocuidad.

Con carácter general, y en el marco de su tesis doctoral sobre el entramado de ciencia y valores, Menéndez Viso (2005) propone recuperar la noción aristotélica de prudencia (phronesis) para relacionar lo que sabemos y lo que debe hacerse. Propone que la prudencia inspire las decisiones que toman los científicos y quienes hayan de aplicar los productos de la ciencia.

En este terreno, ya desde los años setenta del siglo pasado se ha propuesto la aplicación del llamado Principio de Precaución (PP) a la hora de tomar decisiones relativas a la aplicación de las técnicas objeto de controversia.

El Principio de Precaución empezó a tener reconocimiento jurídico de orden internacional cuando la Asamblea General de Naciones Unidas adoptó la Carta Mundial de la Naturaleza. El Protocolo de Montreal lo incorporó en su formulación en 1987. Y a partir de ese momento tuvo acogida en diferentes tratados internacionales (Declaración de Río y Protocolo de Kioto). También se ha ido incorporando a diferentes legislaciones nacionales.

El Principio de Precaución se sustenta en dos ideas principales:

  1. La necesidad de que quien toma las decisiones anticipen el daño que puede causar una actuación antes de que ocurra. Esta idea lleva implícito el cambio de la carga de la prueba, porque es quien propone la actuación quien ha de demostrar que no causará daño o que es muy improbable que lo cause.
  2. La proporcionalidad entre el riesgo y los costes y viabilidad de la acción propuesta

El problema de este principio es que hay numerosas y muy diversas formulaciones del mismo, lo que es indicativo de la dificultad real para objetivar y acordar una definición. A pesar de ello, ha tenido reflejo en el Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea y en la legislación de algunos de sus estados. El Consejo de Europa lo define así:

Cuando una evaluación pluridisciplinaria, contradictoria, independiente y transparente, realizada sobre la base de datos disponibles, no permite concluir con certeza sobre un cierto nivel de riesgo, entonces las medidas de gestión del riesgo deben ser tomadas sobre la base de una apreciación política que determine el nivel de protección buscado.

El problema es que es una definición ambigua. La expresión “cierto nivel de riesgo” -que puede tener consecuencias de muy largo alcance- no puede ser más indefinida. Dado que también señala que las medidas han de tomarse “sobre la base de una apreciación política”, en última instancia han de ser criterios de carácter político los que se utilicen a la hora de tomar las decisiones que corresponda.

Y de acuerdo con la fórmula recogida en la web del Parlamento Europeo, este principio habilita a quienes han de tomar decisiones para adoptar medidas de precaución tempranas cuando las pruebas científicas acerca de un peligro para el ambiente o para la salud humana son inciertas y el riesgo es alto.

Holm y Stokes (2012) reconocen la existencia de ese déficit de definición, lo que genera un amplio margen para su aplicación. En sus formulaciones más exigentes el PP es incoherente con la ciencia de la evaluación de riesgos, socava el valor del conocimiento experto y establece objetivos de riesgo 0 nada realistas. También se ha argumentado que es irracional, puesto que su aplicación llega a impedir que se realicen las investigaciones necesarias para establecer los riesgos de forma científica. Otros hemos criticado sus formulaciones más exigentes por la inversión de la carga de la prueba que conlleva, recuperando a estos efectos la filosofía de la llamada prueba diabólica.

Para quienes se oponen al PP, la ambigüedad en su formulación abre un boquete para la toma arbitraria de decisiones. Sus defensores, sin embargo, sostienen que esa ambigüedad es positiva, porque promueve la flexibilidad y la responsabilidad.

Una de las críticas más sólidas que se ha hecho al Principio de Precaución es que su aplicación puede generar costes de oportunidad que acaben causando un daño muy superior al que se pretendía evitar. De hecho, y dado que exige que la carga de la prueba recaiga sobre quien se propone desarrollar o implantar algo nuevo, y no sobre quien trata de impedirlo, sesga la toma de decisiones contra la implantación de nuevas tecnologías. Invenciones y desarrollos tecnológicos como los automóviles, por ejemplo, no habrían quizás superado la prueba de acuerdo con la definición del Consejo de Europa.

Algunos creen que, teniendo en cuenta la magnitud de los beneficios que han reportado las invenciones, la ciencia, la tecnología, en suma, la cultura, a la humanidad, la cautela también podría aplicarse en un sentido diferente. Sostienen que quizás no debería ir dirigida a limitar de forma severa el desarrollo de lo nuevo, sino que debería utilizarse de forma mucho más equilibrada. Al fin y al cabo, la posibilidad de resolver los problemas que la humanidad deba afrontar sólo dependerá de saber cómo hacerlo. Nuestras principales limitaciones son las que se derivan de la ignorancia. Por eso, creen que limitar las posibilidades de irle ganando terreno a la ignorancia puede tener efectos muy negativos.

No son dilemas fáciles. Basta recordar la tragedia de la talidomida, o los efectos del amianto, graves problemas de salud que podían haberse evitado si se hubiese sido más cauteloso en determinadas ocasiones. Pero ello no obsta para tener presente que la cautela debe tener también doble filo: además de para limitar o prohibir, también podría aplicarse para desarrollar y permitir. La evaluación de las novedades debe, por ello, ser lo más equilibrada posible, contemplando riesgos y beneficios, y tratando de evitar que la carga de la prueba recaiga siempre en quien propone alguna innovación.

Hay quien ha formalizado estas cuestiones y les ha dado un tratamiento teórico. De ahí ha surgido lo que denominan el principio de proacción. Esta idea, propuesta por el transhumanista Max More, consiste en una especie de reverso del principio de precaución y consiste en “asumir los riesgos de acuerdo con la ciencia disponible y no la percepción popular” y tener en cuenta no solo los impactos de una tecnología sino los beneficios que se pierden en el caso de no ponerla en marcha.

Para concluir, nos ha parecido de interés traer aquí la idea formulada de manera reciente por la matemática Hannah Fry, quien propone que quienes trabajan en matemáticas, ingeniería informática, ciencia y tecnología deberían hacer una especie de juramento hipocrático, en virtud del cual se comprometerían a pensar de forma rigurosa acerca de las posibles aplicaciones de su trabajo, y obligarse a sí mismos a desarrollar aquellas acerca de las cuales tengan suficientes garantías de que no serán perjudiciales para la sociedad. No es la primera iniciativa en ese sentido (aquí y aquí otras), pero es reciente y está formulada de acuerdo con un procedimiento ya utilizado en el campo de la medicina.

Nada de esto es fácil.

 

Fuentes:

Holm, S, Stokes E (2012): Precautionary Principle, in Encyclopedia of Applied Ethics, Vol III, pp.: 569-575, 2nd edition, Academic Press, London

Menéndez Viso, A (2005): Las ciencias y el origen de los valores. Siglo XXI.

Nota:

Esta es la décimo novena entrega de la serie “Los males de la ciencia”. Las anteriores han sido “El marco en que se desarrolla la ciencia”, “Las publicaciones científicas”, “El ethos de la ciencia”, “Los valores en la filosofía de la ciencia”, “Los dueños del conocimiento”, “El papel de los gobiernos en el desarrollo científico”, “No todos tienen las mismas oportunidades de hacer ciencia”, “El fraude y las malas prácticas en ciencia”, “Ciencia patológica”, “Sesgos cognitivos que aquejan a la ciencia”, “Sesgos ideológicos que aquejan a la ciencia”, “La crisis de reproducibilidad en ciencia”, “Parte de la investigación científica es quizás irrelevante”, “Conflictos de intereses en la ciencia”, “Mala ciencia de consecuencias catastróficas”, “La ciencia al servicio de la guerra”, “No todo vale al servicio de la ciencia”, y “Dilemas éticos en la frontera de la ciencia

Dilemas éticos en la frontera de la ciencia

Los avances científicos y tecnológicos suscitan a menudo la duda de si, además de los beneficios que se puedan derivar de ellos, pueden también dar lugar a perjuicios o, incluso, causar daños que puedan eventualmente llegar a tener efectos catastróficos. El desarrollo científico actual no se ve libre de esos dilemas, que afectan a campos y líneas de investigación en las que se han creado tecnologías con un potencial impresionante. Para ilustrar estos dilemas hemos optado por presentar brevemente aquí tres de esas áreas en las que los avances en la frontera del conocimiento generan debate, inquietud o, incluso, provocan directamente ya la oposición de ciertos sectores sociales. Nos referiremos a la ingeniería genética, la selección de embriones con características prefijadas, y la nanociencia y nanotecnología.

En materia de ingeniería genética, hay asuntos que son objeto de controversia, algunos de los cuales se exponen brevemente a continuación (Spier, 2012).

La posibilidad de secuenciar de forma barata y rápida el genoma de numerosos individuos abre la puerta a que se pida a la gente, implícita o explícitamente, que proporcione su información genética a empleadores o aseguradoras, por ejemplo. Los gobiernos, a través de los sistemas públicos de salud también tendrían acceso a esa información. La intimidad de las personas afectadas se vería en todos esos casos y otros no contemplados aquí claramente vulnerada.

La sustitución o modificación de genes que puedan condicionar la predisposición a ciertas enfermedades, la propensión a determinados rasgos de carácter, el envejecimiento, las habilidades cognitivas, los rasgos físicos, el estado de ánimo, el vigor sexual u otras características también es motivo de preocupación. ¿Dónde se establecerían los límites? ¿Quién los establecería? ¿No supondría la aplicación de estas técnicas una forma de eugenesia “positiva”? En muchos casos se trata de posibilidades todavía lejanas, por las limitaciones técnicas, pero en el supuesto de que bastantes de esas limitaciones se superasen, subsistiría el dilema de si es lícito realizar dichas prácticas o, hasta dónde llegar con ellas (Neri, 2012).

Ya se producen de forma rutinaria animales de laboratorio con características especiales. También organismos a los que se les han inactivado ciertos genes (los ratones knockout son un excelente ejemplo). La biotecnología ha abierto también la puerta a la creación de quimeras o de nuevos organismos con características predeterminadas.

De un orden completamente diferente, pues no conciernen a la naturaleza humana, son las controversias relativas a la producción de organismos transgénicos con propósitos comerciales. Nos referimos, principalmente, a la producción de semillas transgénicas o de animales de esa misma condición, como salmones de crecimiento rápido, por ejemplo. Aunque la mayoría de la comunidad científica coincide en que no se han encontrado pruebas de la peligrosidad de estos organismos, a ellos se oponen sectores sociales y políticos con gran presencia mediática. Esgrimen argumentos de carácter ecológico y razones de salud, pues sostienen que pueden causar un daño grave e irreversible a ecosistemas y seres humanos.

La edición genómica con similares propósitos haciendo uso de las técnicas CRISPR suscita la misma oposición. Es más, el pasado año el Tribunal de Justicia de la Unión Europea sentenció que los organismos que se obtengan mediante la modificación del genoma haciendo uso de esas técnicas han de ser considerados legalmente organismos transgénicos, por lo que les será de aplicación la directiva 2001/18EC. La citada resolución da la razón a varias organizaciones de empresarios agrícolas y grupos ecologistas franceses. La resolución del Tribunal es de gran trascendencia. Dadas las dificultades que han de superarse en la UE para que sea autorizado el cultivo de un transgénico, los obstáculos que deberán salvar los organismos creados mediante edición genética serán similares.

La sentencia no debería extrañar si miramos la forma en que está redactada la normativa europea en materia de organismos modificados genéticamente (OMG). Sin embargo, la decisión no se sostiene desde el punto de vista científico, tal y como explica el genetista y especialista en el uso de estas técnicas Lluís Montoliu.

Volviendo a los seres humanos, con las técnicas hoy disponibles y las que puedan desarrollarse en el futuro inmediato se han abierto posibilidades antes nunca vistas. Para empezar, se pueden hacer diagnósticos genéticos previos a la implantación de embriones, lo que abre la puerta, de entrada, a una eugenesia positiva comentada antes. En noviembre pasado, el científico chino He Jiankui anunció haber creado bebes cuyo genoma había sido editado para hacerlos resistentes al VIH y otros patógenos. El problema, como muchos científicos se encargaron de alertar, es que no es en absoluto descartable que se produzcan errores, que pueden ser fatales o causar daños inasumibles. La clonación plantea problemas similares. Además, hay una gran incertidumbre con los resultados de los tests genéticos, y ser difícilmente interpretables por los interesados (Häyry, 2012).

Por otro lado, las técnicas de reproducción asistida generan también importantes dilemas como el estatus y derechos de un embrión humano viable congelado en caso de muerte de sus progenitores, el recurso a mujeres a quienes se paga para llevar a término un embarazo, la edad de una madre en el momento de la implantación de un embrión, o el desarrollo de clones humanos, entre otros. (Spier, 2012)

De una naturaleza completamente diferente son los dilemas que plantea la nanociencia y nanotecnología por los posibles riesgos que su uso pudiera provocar. Según Maynard et al (2006) y Johnson (2012), es posible que el temor a los posibles peligros de algunas nontecnologías sea exagerado, pero no carece necesariamente de fundamento. Investigaciones que han analizado la toxicidad de nanomateriales en cultivos celulares y animales han mostrado que el tamaño, el área superficial, la química de la superficie, la solubilidad y quizás la forma influyen en cierta medida en el daño que puede producir los materiales de dimensiones nanométricas. Y por otro lado, hay quien duda de que la ciencia disponga de la tecnología adecuada para evaluar esos posibles daños.

Entiéndase que los tres casos expuestos lo son a modo de ejemplo de muchos otros posibles (inteligencia artificial, “big data”, uso de robots, etc.)

 

Fuentes: Además de las enlazadas en el texto, las fuentes utilizadas han sido los artículos de la Encyclopedia of Applied Ethics referenciados a continuación:

Häyry, M (2012): Genetic Engineering of Human Beings, in Encyclopedia of Applied Ethics, Vol II, pp.: 437-444, 2nd edition, Academic Press, London

Johnson, S (2012): Nanotechnology, in Encyclopedia of Applied Ethics, Vol III, pp.: 183-185, 2nd edition, Academic Press, London

Neri, D (2012): Eugenics, in Encyclopedia of Applied Ethics, Vol 1, pp.: 189-199, 2nd edition, Academic Press, London

Spier, R E (2012): Science and Engineering Ethics, Overview, in Encyclopedia of Applied Ethics, Vol 4, pp.: 14-31, 2nd edition, Academic Press, London

Notas:

  1. Esta es la décimo octava entrega de la serie “Los males de la ciencia”. Las anteriores han sido “El marco en que se desarrolla la ciencia”, “Las publicaciones científicas”, “El ethos de la ciencia”, “Los valores en la filosofía de la ciencia”, “Los dueños del conocimiento”, “El papel de los gobiernos en el desarrollo científico”, “No todos tienen las mismas oportunidades de hacer ciencia”, “El fraude y las malas prácticas en ciencia”, “Ciencia patológica”, “Sesgos cognitivos que aquejan a la ciencia”, “Sesgos ideológicos que aquejan a la ciencia”, “La crisis de reproducibilidad en ciencia”, “Parte de la investigación científica es quizás irrelevante”, “Conflictos de intereses en la ciencia”, “Mala ciencia de consecuencias catastróficas” y “La ciencia al servicio de la guerra” y “Métodos perversos al servicio de la ciencia”.
  2. La figura presenta un esquema del procedimiento de edición genómica (Wikipedia)

 

 

No todo vale al servicio de la ciencia

Experimentación con seres humanos

El primer ejemplo conocido de experimentación con seres humanos fue el de Edward Jenner, cuando inoculó a una niña de ocho años de edad el pus tomado de viruela de ganado. El experimento de Jenner resultó un éxito y abrió la era de las vacunas pero, curiosamente, hoy resultaría inaceptable. Y antes de la abolición de la esclavitud en los Estados Unidos, no era infrecuente que los médicos comprasen esclavos negros para experimentar con ellos, realizando dolorosísimas y peligrosas intervenciones.

Fue en pleno siglo XX y en el contexto de la II Guerra Mundial, cuando se llegó a experimentar a gran escala con seres humanos. Como es de sobra conocido, médicos nazis realizaron experimentos atroces con prisioneros de campos de concentración (efecto de la hipoxia, efectos del gas nervioso, congelaciones, efectos de las altas presiones e ingestión de agua de mar). En Nürenberg 23 médicos fueron llevados a juicio por esas atrocidades.

Menos conocidos que los experimentos en los campos de concentración alemanes son los que realizaron los investigadores de la Unidad 731 del ejército japonés durante su ocupación de China y Manchuria durante los años 30 y 40. La Unidad 731 era de guerra química y biológica, y los experimentos, que incluían vivisecciones y provocaron la muerte de miles de prisioneros de diferentes nacionalidades, tenían como objetivo desarrollar técnicas para expandir y prevenir los efectos de agentes químicos y biológicos propios de esa modalidad bélica. En ellos colaboraron médicos y científicos, y al contrario de lo que ocurrió con los alemanes que fueron juzgados en Nürenberg, se les ofreció inmunidad a cambio de la información que poseían, información en la que estaban muy interesados científicos norteamericanos.

Entre 1963 y 1966 investigadores de la Willowbrook School de Nueva York hicieron ingerir a niños con retraso mental virus de la hepatitis vivos para estudiar la etiología de la enfermedad y la posibilidad de elaborar una vacuna.

En 1963, médicos del Hospital Judío de Enfermedades Crónicas de Brooklyn inyectaron células cancerosas vivas a pacientes ancianos sin informarles al respecto, para estudiar las respuestas inmunitarias del organismo.

En 1972 se dio a conocer que el Servicio de Salud Pública de los EEUU había desarrollado el “experimento de la sífilis de Tuskegee”, una investigación de larga duración. En ese estudio hombres afroamericanos en estadios avanzados de sífilis habían sido sometidos a experimentación sin haber garantizado que se había obtenido su consentimiento informado.

Lo que expondremos a continuación no tiene la gravedad de las actuaciones reseñadas en los párrafos anteriores, pero se trata de una práctica que se encuentra en el límite de lo admisible. Por otro lado, quizás no es del todo apropiado considerarlas como actividades al servicio de la ciencia, pero entendemos que debe figurar aquí porque, al fin y al cabo, en ella se hallan implicados médicos y científicos. Nos referimos a lo que podría denominarse, eufemísticamente, “deslocalización” de ensayos clínicos.

A lo largo de lo que llevamos de siglo, una parte importante de la investigación clínica se ha trasladado a países pobres. Ello puede haber sido debido a regulaciones cada vez más estrictas en los países desarrollados en lo relativo a la protección de las personas sujeto de los experimentos. También puede deberse a que los procedimientos se han hecho más costosos y burocratizados. Por otro lado, en los países más pobres pueden aplicarse variantes más flexibles de los protocolos de investigación. Los comités éticos son más permisivos. Los riesgos jurídicos, con las consiguientes indemnizaciones son menores de manera que los costes de los seguros también lo son. Es también más fácil contar con voluntarios para participar en ensayos clínicos. Todo ello ha conducido a que se usen estándares éticos diferentes en los países pobres y en los desarrollados.

15 ensayos clínicos en varios países africanos y República Dominicana han sido acusados de no respetar los estándares éticos exigibles. Se refiere a estudios que demostraron que suministrando AZT a mujeres embarazadas VIH-positivas y a los bebés durante 6 semanas tras el nacimiento, reducía la transmisión perinatal de VIH de un 25% a un 8%. La acusación se basó en haber mantenido un grupo control (placebo). La diferencia entre haberlo hecho con o sin placebo radicaba en la magnitud, coste y duración de los ensayos, mucho más largos y caros de no haber utilizado un grupo de placebo.

En general son muy problemáticos los ensayos hechos en países pobres: se utiliza a personas que no reciben una parte de los beneficios que proporcionan los ensayos.

Experimentación con animales

La experimentación con animales es una cuestión controvertida. Hay personas que se oponen radicalmente al uso de animales en investigación invocando argumentos de carácter ético. Sin embargo, los defensores de este tipo de investigaciones invocan la primacía del bienestar y dignidad humanas como razón para justificar su práctica, sobre todo en áreas en que se persiguen mejoras significativas en la salud humana.

La experimentación con animales tiene una larga historia que se remonta, al menos, hasta el Renacimiento. William Harvey, el descubridor de la circulación general, fue uno de los primeros, y lo justificó aduciendo que estudiando diferentes animales se podía aprender cómo funcionaba el ser humano. Y ya en el siglo XIX, son conocidísimos los experimentos con animales de Claude Bernard, experimentos que él justificaba abiertamente. En la actualidad los experimentos con animales persiguen diferentes propósitos; buscan conocer la propia biología de los animales, pero también se utilizan porque no se pueden usar seres humanos en cuestiones que nos afectan o interesan; en cierto modo son nuestros sustitutos. Los utilizamos como modelo en ensayos de fármacos y, en general, de tratamientos médicos.

La mayor parte de los laboratorios en que se trabaja con animales se encuentran en países en los que rigen normas y códigos de conducta que determinan qué prácticas son aceptables y cuáles no. Tales regulaciones persiguen disminuir el número de animales utilizados -en mayor medida cuanto más próximos se encuentren a los seres humanos- y también reducir el dolor y sufrimiento hasta los mínimos estrictamente necesarios.

En España, además de las normas legales que todos los laboratorios están obligados a cumplir, las sociedades científicas (COSCE) han impulsado un Acuerdo de transparencia sobre el uso de animales en experimentación científica. El acuerdo consiste en un documento que busca “establecer vías de comunicación entre la comunidad científica y la sociedad sobre cuándo, cómo y por qué se usan animales en investigación y los beneficios que se derivan de esta práctica”. Más de 80 instituciones (entre las que se encuentran organismos públicos de investigación como el CSIC; varias universidades; centros de investigación como CNIO y CNIC, sociedades científicas como SEBBM, SENC, empresas y hospitales) han suscrito el acuerdo, en virtud del cual se comprometen a “compartir información de forma transparente, y fomentar la comunicación acerca de la investigación con animales para hacer llegar al público toda la información sobre las razones, los métodos y el avance en el conocimiento que la misma genera y que justifica el uso de animales en investigación científica.”

 

Fuentes: Además de las enlazadas en el texto, las fuentes utilizadas han sido los artículos de la Encyclopedia of Applied Ethics referenciados a continuación:

Briggle, A (2012): Scientific Responsability and Misconduct, in Encyclopedia of Applied Ethics, Vol 4, pp.: 41-48, 2nd edition, Academic Press, London

Johnson, S (2012): Nanotechnology, in Encyclopedia of Applied Ethics, Vol III, pp.: 183-185, 2nd edition, Academic Press, London

Resnik, D B (2012): Developing World Bioethics, in Encyclopedia of Applied Ethics, Vol 1, pp.: 771-778, 2nd edition, Academic Press, London

Solbakk J H, Vidal, S M (2012): Research Ethics, Clinical, in Encyclopedia of Applied Ethics, Vol 3, pp.: 775-785, 2nd edition, Academic Press, London

Spier, R E (2012): Science and Engineering Ethics, Overview, in Encyclopedia of Applied Ethics, Vol 4, pp.: 14-31, 2nd edition, Academic Press, London

 

Notas:

  1. Esta es la décimo séptima entrega de la serie “Los males de la ciencia”. Las anteriores han sido “El marco en que se desarrolla la ciencia”, “Las publicaciones científicas”, “El ethos de la ciencia”, “Los valores en la filosofía de la ciencia”, “Los dueños del conocimiento”, “El papel de los gobiernos en el desarrollo científico”, “No todos tienen las mismas oportunidades de hacer ciencia”, “El fraude y las malas prácticas en ciencia”, “Ciencia patológica”, “Sesgos cognitivos que aquejan a la ciencia”, “Sesgos ideológicos que aquejan a la ciencia”, “La crisis de reproducibilidad en ciencia”, “Parte de la investigación científica es quizás irrelevante”, “Conflictos de intereses en la ciencia”, “Mala ciencia de consecuencias catastróficas” y “La ciencia al servicio de la guerra”.
  2. La imagen presenta a un médico extrayendo sangre en el contexto del experimento de Tuskegee (Fuente: Wikipedia)

La ciencia al servicio de la guerra

En las guerras siempre se ha utilizado el conocimiento del que se disponía en la época. Por tanto, la ciencia y la tecnología, en tanto que formas de conocimiento, no han sido ajenas a los conflictos bélicos. Más bien habría que decir que las guerras han incentivado la generación de conocimiento científico y tecnológico, y lo siguen haciendo en la actualidad.

A Arquímedes (s III aec) se le atribuye haber inventado un dispositivo basado en espejos ustorios para concentrar rayos de luz solar y producir suficiente calor como para dar fuego a las naves que transportaban las tropas romanas que pretendían ocupar la ciudad de Siracusa. Aunque en realidad, no sabemos si esa atribución es correcta.

Si nos limitamos al siglo XX y lo que llevamos del XXI, está claro que laboratorios y despachos de científicos han tenido un protagonismo determinante en los conflictos bélicos.

Fritz Haber fue galardonado con el premio Nobel por su descubrimiento del proceso llamado de Haber-Bosch, para la síntesis catalítica de amoniaco a partir de hidrógeno y nitrógeno atmosférico bajo condiciones de alta presión y temperatura. Ese proceso abrió la era de la producción industrial de fertilizantes y, en general, de la industria química. Pues bien, él fue el químico al frente del programa de producción de gases letales que utilizó Alemania en la I Guerra Mundial. F Haber puso sus conocimientos al servicio del esfuerzo bélico alemán por su forma de entender el patriotismo; llegó a decir que “en tiempo de paz, un científico pertenece al mundo, pero en tiempo de guerra pertenece a su país”.

No solo él, James Franck, Gustav Hertz y Otto Hahn, futuros premios Nobel, también formaron parte de la unidad de Haber. Y en el bando galo, otro galardonado con el Nobel, Victor Grignard, participó en el esfuerzo francés para producir gases venenosos.

El radar, invención basada en la patente obtenida por Robert Watson-Watt (descendiente de James Watt), fue seguramente determinante del curso que siguió la II Guerra mundial. El invento, de 1935, de Watson-Watt se basaba en el uso de ondas de radio para detectar y alertar de movimientos de objetos invisibles con la vista. En este caso se trató de una invención de carácter defensivo (sirvió, entre otras cosas, para poder anticipar los bombardeos alemanes sobre la población civil británica), pero en lo relativo a su influencia sobre el curso de la guerra, a largo plazo no es posible diferenciar la función defensiva de la ofensiva.

El ejemplo más evidente de contribución científica a la guerra es el proyecto Manhattan, nombre clave con el que se conocía el proyecto que desarrolló Estados Unidos para fabricar la bomba atómica durante la II Guerra Mundial. El objetivo del proyecto era producir la bomba antes de que los nazis lo consiguieran. Lo lograron, como es bien sabido. Y como consecuencia de ello, lanzaron sendas bombas sobre las ciudades japonesas de Hirosima y Nagasaki, provocando de esa forma la rendición del Japón. El proyecto, en su parte científica, fue dirigido por el físico Julius Robert Oppenheimer y de una u otra forma, participaren numerosos científicos e ingenieros. También estos científicos tomaron parte en el proyecto por una causa. Todos ellos quisieron colaborar en la derrota de las potencias del Eje.

En las guerras del siglo XXI los científicos e ingenieros siguen teniendo una función determinante en el perfeccionamiento del armamento clásico y en las innovaciones. Drones, robots, inteligencia artificial, sistemas de telecomunicaciones, invisibilidad a los sistemas de detección son áreas en las que los ejércitos más poderosos del mundo invierten enormes cantidades de recursos. Muchos científicos e ingenieros participan en el desarrollo de nuevas ideas con fines militares.

Tanto Haber como Oppenheimer ejemplifican bien el tipo de dilemas éticos al que se han de enfrentar los científicos que toman parte activa en el desarrollo de armas de gran potencial para segar vidas humanas. Ambos actuaron motivados por su compromiso con el destino de los conflictos bélicos en que se vieron involucrados. Haber por patriotismo y Oppenheimer para frenar el avance del fascismo. Sus casos son especiales porque el resultado de su trabajo científico tuvo como consecuencia la pérdida de miles de vidas humanas, pero en rigor, nada los diferencia de la actuación de otros científicos que han desarrollado y desarrollan su actividad al servicio del ejército de sus países.

Notas:

  1. Esta es la décimo sexta entrega de la serie “Los males de la ciencia”. Las anteriores han sido “El marco en que se desarrolla la ciencia”, “Las publicaciones científicas”, “El ethos de la ciencia”, “Los valores en la filosofía de la ciencia”, “Los dueños del conocimiento”, “El papel de los gobiernos en el desarrollo científico”, “No todos tienen las mismas oportunidades de hacer ciencia”, “El fraude y las malas prácticas en ciencia”, “Ciencia patológica”, “Sesgos cognitivos que aquejan a la ciencia”, “Sesgos ideológicos que aquejan a la ciencia”, “La crisis de reproducibilidad en ciencia”, “Parte de la investigación científica es quizás irrelevante”, “Conflictos de intereses en la ciencia” y “Mala ciencia de consecuencias catastróficas”.
  2. La imagen que ilustra esta anotación muestra a Fritz Haber.

 

Jakiunde / Zientzia, Arte eta Letren Akademia
Miramar Jauregia Miraconcha 48
Donostia-San Sebastián
Gipuzkoa - Spain
T. (+34) 943 225 773
akademia@jakiunde.eus

© Jakiunde. Todos los derechos reservados
Aviso Legal · Cookies