¿De qué manera cambiará el coronavirus el mundo?

Inicialmente creo que todos cambiaremos, pero la sostenibilidad del cambio a medio/ largo plazo no me resulta tan clara. Ahora, todos estamos con más o menos miedo o temor ante una posible infección por el coronavirus, en nosotros mismos, en nuestros familiares, amigos o vecinos; seguimos las recomendaciones durante el confinamiento, se buscan sistemas de entretenimiento, como cantar, bailar en las diferentes comunidades vecinales o virtuales o salir al balcón a las 20:00h. A mi pesar, desconfío de la constancia y responsabilidad permanente y universal.

Aunque se había hablado de que esta pandemia podía ocurrir, muchos hemos sido escépticos y considerando la distancia entre China y Europa, pensamos que aquí no iba a llegar, al menos con la misma virulencia. Pero, nos equivocamos, y no hemos reaccionado con suficiente rapidez, ni siquiera cuando se declararon los primeros casos en Italia.

Ningún país estaba ni está preparado para una catástrofe de este tipo. Es fácil criticar a los gobiernos y a las instituciones por su falta de previsión, pero esta situación ha sido totalmente nueva y ninguna institución, más concretamente la sanitaria podía prever las necesidades actuales. Lo que sí he podido ver en la sanidad pública es que, en nuestra comunidad autónoma, salvado el susto inicial, ha habido capacidad de organización y coordinación por parte de los gestores y participación voluntaria y progresiva de todos los profesionales sanitarios en respuesta a las necesidades originadas. Evidentemente, nadie puede negar que no ha habido disponibilidad de todo el material requerido para atender a los pacientes en la medida en la que estamos acostumbrados.

Se han buscado alternativas al uso único de algunos materiales escasos como esterilización de mascarillas, o ante la demanda de respiradores, algunos sectores profesionales han sido capaces de coordinarse para crear estos aparatos a partir de otros materiales existentes o a partir de impresión en 3D. Y otras más iniciativas.

Los profesionales que no estamos en la primera línea de atención a la pandemia, hemos continuado atendiendo al resto de pacientes, vía telefónica y en algunos casos también de forma presencial. La implantación de la historia electrónica única y la receta electrónica lo han facilitado y mucho, ya que existen otros pacientes no infectados que también requieren nuestra atención.

El confinamiento está dando resultado y a pesar de todas las dificultades, existe capacidad de camas hospitalarias para enfermos críticos y menos críticos y estamos viviendo la situación con cierto grado de control.

La sociedad en general y la sociedad médica en particular, quiere y necesita conocer más sobre la enfermedad, sus factores de riesgo, posibles tratamientos y pronóstico por lo que se han puesto en marcha numerosos ensayos clínicos que puedan dar respuesta hasta la disponibilidad de la vacuna específica. Todo esto pone de manifiesto la importancia de la investigación, especialmente la investigación traslacional en relación a este problema en concreto, u a otros.

La Sanidad Pública, en su concepto más amplio, ha respondido y es seguro que lo seguirá haciendo en el futuro. Bajo mi punto de vista, invertir en la sanidad pública es rentable. Esta situación ha supuesto un revulsivo para que profesionales de diferentes ámbitos demuestren su capacidad de transformación e innovación para solventar problemas y pienso que habrá que aprovechar el tirón. La importancia de invertir en Investigación es evidente.

Aunque mi mensaje global sea positivo, pensemos que todo es mejorable y que no debemos bajar la guardia porque el futuro es impredecible y debemos estar mejor preparados.

Publicado en el artículo Nola aldatuko du koronabirusak mundua? BERRIA (12/04/2020).


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